Lápices del cero.

Me obsesionan los lápices del cero, y me gusta que estén muy afilados. Para quienes no lo sepan, son los de la cabeza naranja.

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Mi fijación llega al punto de haberle transmitido la manía a uno de mis personajes, la inspectora Herreros.

He reflexionado sobre ello, y lo he hecho con un lápiz del cero bailando entre mis dedos. He llegado a varias conclusiones.

  1. Estos lápices ya existían cuando yo era niña. Se han extinguido los cuadernillos Rubio, al menos como yo los conocía; la punta del boli BIC ya no es la misma, ni son iguales las farolas, ni las pastillas de jabón, ni las bolsas de gusanitos. Pero los lápices del cero, las playeras Converse, y las cazadoras de borreguito mantienen su esencia. Y eso me aporta la seguridad de permanecer en mi círculo de confort.
  2. Un lápiz del cero no se queda sin batería, ni sin tinta. No pierde la cobertura, ni se atasca, ni caduca. Es fiel, es eterno. Funciona sea cual sea la temperatura, el país; no hay que reiniciarlo, ni necesita antivirus. Yo tengo más de veinte, y no los he asegurado, ni les he cambiado jamás el aceite. No piden pan sin gluten. Lo compras, lo usas sin manual de instrucciones, sin accesorios ni mantenimiento. Y eso nos hace ahorrar dinero, tiempo, y momentos de encabronamiento.  Como mucho, alguna vez, requieren un sacapuntas. Aunque también pueden afilarse «a cuchillo».
  3. Están fabricados con materiales biodegradables y abundantes cuyo procesado no contamina: Madera y grafito. Para manufacturar un lápiz no hay que quemar petróleo, ni aniquilar ballenas, ni explotar minas de coltan o mercurio. Un lápiz no lleva plástico, ni amianto. Su empleo no consume electricidad ni produce humo, radiación, ni calor o nicotina en el aire. Lo pueden usar los veganos.
  4. La mina del lapiz tiene la misma composición que el diamante. Es carbono puro con una estructura ligeramente distinta. El grafito conduce la electricidad, y si se sometiera a presiones extremas podría transformarse en diamante.
  5. Es ergonómico, no pesa, no carga las cervicales, ni mancha, ni huele. No emite luz azul que nos irrite los ojos. Se manipula con facilidad porque es ligero y alargado.
  6. Es bonito. Elegante. El negro y el amarillo de sus rayas combina a la perfección, lo que permite localizarlo con facilidad. Cabe en cualquier sitio, y cuando sales a correr puedes emplear un lápiz para amarrarte el pelo. También tiene otros usos, como marcar la página del libro antes de cerrarlo, sujetar una puerta para que no golpee, o batir un yogur. Con varios lápices tendrás un tutor para orquídeas, o una aguja para tejer una bufanda de punto. Yo los he empleado como regla, y en una conferencia pueden sustituir al puntero láser.
  7. Es barato. Y lo venden en cualquier parte. No hay que pagarlo a plazos, ni dar muchas vueltas para encontrar uno; o los que sean.
  8. Se puede emplear para hacer un retrato a carboncillo. Lo usan los albañiles, los ingenieros, las modistas y los carpinteros. Todo el mundo necesita un lápiz.
  9. Se borra (ojo a eso). Lo que escribas con él no va a captarlo ningún pirata informático.
  10. Si el lápiz es del cero, obtendrás un buen trazo oscuro aplicando una leve presión. Es eficaz, ofrece un servicio óptimo empleando la mínima energía. Te hace sentir poderoso, y con uno en la mano, llegarás a cualquier parte.

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Lápiz del cero afilado «a cuchillo»

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