Me ha impactado «Nunca me abandones», de Kazuo Ishiguro.

La narradora recuerda su infancia en, lo que en apariencia, es un idílico internado inglés. Vigilados por los «custodios», van creciendo aislados del exterior.

El autor sugiere, pero nunca muestra con claridad, y el el aire, en cada escena, flota una idea siniestra: De algún modo, algún día, estos niños creados por una sociedad técnica, se convertirán en «donantes» de otros seres humanos.

El ganador del Nobel nos sumerge en un relato distópico que obliga a reflexionar sobre la muerte, sobre el amor, sobre el destino y la libertad. Nos preguntamos qué nos hace humanos, y cuál es nuestro fin.

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