La historia que habita en mí.

Creo que nadie escribe.
Las historias flotan en el aire; ingrávidas.
Y de pronto, hallan una víctima: un autor al que poseer.
La inspiración es eso; una invasión por sorpresa, la idea, etérea que se adueña de una voluntad.
La trama, los personajes, todo ello anida en ti; y aunque parezca extraño, te sientes mucho más libre; aún más libre que antes de escribir.
Es una especie de Síndrome de Estocolmo.