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A LAS NIÑAS, HOY 8 DE MARZO.

A las niñas que eligieron pantalones para correr mejor, como la de la foto.
A las que debían estar en casa a las doce; sus hermanos llegaban cuando querían.
A las niñas sin habitación propia: dormían en un sofá cama, en el salón.
A las niñas con padres de letras que prefirieron las mates.
A las de padres de ciencias que estudiaron lenguas muertas.
A las que hoy, van con buzo.
A las niñas que son hijas y que nunca tendrán hijos.
A las niñas que hoy son madres, aunque en el fondo aún sean niñas.
A las desobedientes.
A las que se hartaron del camino, y llenaron de barro el calzado.
A las niñas que ayudaron a limpiar el polvo mientras sus hermanos leían; y rabiaban por la injusticia.
A las niñas que soltaron la mano de su madre; a las que se perdieron.
A las niñas que jugaban con los niños, que nunca vieron dos bandos.
A las niñas sin padrino.
A las niñas que soñaron.
A las niñas que escucharon, que luego decidieron libres.
A las niñas despeinadas.
A las niñas que nunca se sentirán inferiores.
A las niñas raras.
A las niñas que se quieren como son; se ríen del estereotipo.
A las niñas de ayer, a las de hoy. Completas en su diferencia.

LÍMITES

Acabé de escribir el libro; lo leyeron personas de mi entorno, me hicieron soñar: ¿y si lograra publicarlo?

La idea del éxito me atraía, pero también me paralizaba; convertirme en personaje público, para mí, sería devastador.

Mi tolerancia a las situaciones estresantes es mínima. Admiro a la gente que lo hace, que publica con su nombre; ojalá yo fuera capaz. He aprendido a conocerme y soy consciente de mis límites.

Realmente, ¿podemos con todo lo que nos imponemos día a día?

La autora

NO ES SOLO UNA NOVELA NEGRA

EL CIELO DE TUS DÍAS es una novela negra: Álex y Natalia, inspectores de la Policía, reciben un perturbador anónimo que les hace reabrir un caso de asesinato.

Pero es más que un thriller; para descubrir la verdad deben ordenar sus vidas, unas vidas alienadas por la culpa, el miedo y la costumbre.
En el camino sufrirán situaciones límite.

Primer lector masculino de «El cielo de tus días» en el monte Buciero, escenario de la trama.

ROMPER

Estudié una carrera que no me gustaba, trabajaba en un sitio que aborrecía, llevaba una rutina que me hastiaba. Mi vida había virado a negro y no hallaba fuerzas para seguir.

Imagino que no soy la primera, no seré la última en atravesar esa angustia insoportable del domingo por la noche. Estaba confundiendo CAPACIDAD con GANAS, y hacía lo que se esperaba de mí, pero ¿qué había de mí?

Ese es el germen de «EL CIELO DE TUS DÍAS«, el punto de partida de los personajes.

«El cielo de tus días», así nace una novela.

Cuatro de noviembre de 2016. Madrid. Al cruzar la Gran Vía camino de mi hotel distingo a una conocida autora de novela negra tomando una copa en la cafetería del hotel de las Letras.

No, ni loca se me habría ocurrido acercarme a saludar; pero hacía tiempo que me rondaba la idea de escribir una novela, e interpreté ese episodio como una señal.

Dos días más tarde empecé a escribir. Solo contaba con una idea, pero a partir de ese germen fue surgiendo la historia. Los personajes cobraron vida, se apoderaron de mí, y trabajé compulsivamente durante diez meses exactos; fui muy feliz. Luego guardé la novela; la había escrito para mí, publicar no entraba en mis planes.

A finales de 2017 se la hice llegar a algunas personas de mi entorno; la trama les enganchó desde el principio, y me animaron a publicar. Empecé a barajar la idea, y a mediados de 2018 tomé la decisión: intentaría sacar la historia a la luz. Eso sí, con pseudónimo.

Envié el manuscrito de «El cielo de tus días» a varias editoriales, y recibí una oferta a las pocas semanas. El contrato de cesión de derechos me agobió, y desistí, pero la gente de mi entorno insistía; debía publicar la novela.

Entonces leí «La novia gitana», de Carmen Mola, y supe de la existencia de una agente llamada Justyna Rzewuska, que también representa a Lorena Franco, autora a la que admiro. Contacté con Justyna, que leyó el manuscrito en tres días, y me hizo comprender el valor de la novela; me propuso ampliar mis expectativas, ofrecer el libro a otras editoriales. A finales de 2018 llegaron varias ofertas; una de ellas fue la de Planeta, de la mano de Raquel Gisbert.

La editorial asumió el reto de publicar la novela sin compromiso de promoción por mi parte; en la sombra, empleando un pseudónimo, algo que para mí, sigue siendo una línea roja.

He dedicado 2019 a escribir mi segunda novela, independiente de la primera en trama y desarrollo. A día de hoy le estoy dando las últimas pinceladas al manuscrito.

El 17 de marzo de 2020 editorial Planeta llevará a las librerías «El cielo de tus días».

La historia que habita en mí.

Creo que nadie escribe.
Las historias flotan en el aire; ingrávidas.
Y de pronto, hallan una víctima: un autor al que poseer.
La inspiración es eso; una invasión por sorpresa, la idea, etérea que se adueña de una voluntad.
La trama, los personajes, todo ello anida en ti; y aunque parezca extraño, te sientes mucho más libre; aún más libre que antes de escribir.
Es una especie de Síndrome de Estocolmo.

Me ha impactado «Nunca me abandones», de Kazuo Ishiguro.

La narradora recuerda su infancia en, lo que en apariencia, es un idílico internado inglés. Vigilados por los «custodios», van creciendo aislados del exterior.

El autor sugiere, pero nunca muestra con claridad, y el el aire, en cada escena, flota una idea siniestra: De algún modo, algún día, estos niños creados por una sociedad técnica, se convertirán en «donantes» de otros seres humanos.

El ganador del Nobel nos sumerge en un relato distópico que obliga a reflexionar sobre la muerte, sobre el amor, sobre el destino y la libertad. Nos preguntamos qué nos hace humanos, y cuál es nuestro fin.

Otoño en el oriente asturiano.

Amaneció soleado. Nos alejamos de Llanes bordeando la costa por senderos escarpados. A un lado ruge el Cantábrico; al otro se alzan montañas.

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Aldeas marineras, playas salvajes, campo limpio y bosque oscuro… Uno de los litorales menos explotados de la península.

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Un alto en el camino; sidra, y erizos de mar frente a la playa de Poo. Unos parroquianos hablan de caloca, ese alga valiosa que tapiza la arena mojada.

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De nuevo en la senda, gaviotas, gatos y un burro. Huele a sal, se oye el mar, su bramar fiero.

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Esto es el norte, aquí no hay semáforos, y el cielo amenaza. Barro y piedras en el suelo; a lo lejos pasa el tren, vestigio de tiempos lejanos.

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Viejas casas vacías en lejanos pueblos perdidos. El ser humano es gregario, tanto vacío atormenta.

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Vuelta a Llanes; pies cansados y fango en las suelas. Bullicio y plazas, comercio y risas. Junto al puerto, redes secándose al sol. Gente en las terrazas con la vista clavada en el móvil. No hablan; cuando lo hacen, es sin mirarse, absortos su pantalla

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Va a llegar la galerna, pero aún hay sombrillas abiertas. Los mejillones saben a mar, y el tipo los sirve a desgana. No le gusta la gente, pero tiene que vivir de algo. Una vez oí decir que nunca ganamos dinero; el dinero nos gana a nosotros.

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«Bella del Señor», de Albert Cohen.

Hoy apenas he dormido; un libro me ha desvelado.

Mi novela favorita es La edad de la inocencia, de Edith Warthon, pero hace unas semanas, en una libreria de de Sevilla, di con un viejo ejemplar de Bella del Señor, de Albert Cohen.

Había oído hablar de la obra, y ahora me preguntó cómo no la leí  antes.

Solal, un alto funcionario judío, se enamora de Ariane, esposa de un subordinado. Él es culto, cruel, prepotente y caprichoso. Ella es joven y bella; está hastiada, y describe con ironía el circo social que la rodea.

Su desgarradora historia se desarrolla en Ginebra, en 1936, en pleno auge del antisemitismo alemán. Y el relato principal, de celos, pasión y desesperación, se completa con tramas de unos personajes secundarios retratados con mordacidad.

Este es un libro sobre el amor y sus fases. Del amor que nace, del ansia física del principio, de la sed explosiva; y de su perdida insoportable, de la muerte agónica de una pasion que aruina la vida de los amantes, abocandolos a un tedio atroz.

La crítica compara esta obra con las de Proust, Joyce o Céline.

Albert Cohen fue un autor tardío. A los sesenta años dejo su trabajo como diplomático para dedicarse a la literatura, y publicó este libro a los setenta y tres.

Un apunte más. La ilustración de la portada de esta tercera edición, es de Tamara de Lempicka, máxima representante del Art Déco.

Hasta el 24 de febrero, en el palacio Gaviria de Madrid, se podrá contemplar  una retrospectiva de su obra.

http://www.tamaradelempicka.es

Leyendo «No madres»

Algunas mujeres no tienen hijos. La maternidad se nos ha presentado como la fuente de plenitud por excelencia, pero la autora penetra en los motivos que nos hacen pensar así, en lo que nos empuja a perseguir «ser madres» como culmen de la realización.

Después de repasar su propia situación personal (su obsesión por convertirse en madre estuvo cerca de hacerle perder todo lo demás), relata sus conversaciones con algunas «no madres» convencidas de su opción, satisfechas y silenciadas durante décadas. Rosa Montero, Soledad Lorenzo, Maribel Verdú, Alaska, Paula Vázquez, Mamen Mendizábal… Y nos muestra un abanico de alternativas, de posibilidades y caminos para lograr la felicidad sin optar por la vía estándar.

Un trabajo documentado, honesto y crítico que se lee de un tirón.

La noche está para vivirla, y para leer a Paul Auster.

A mí me da hambre la noche. Si salgo de noche, asalto la nevera al volver. Da igual la hora que sea, o lo cansada que esté, solo pienso en tortilla de jamón poco cuajada; y en que no amanezca, porque si se hace de día dispongo de un día menos. También leo mucho de noche; me escucho a mí misma mejor, y oigo crujir las páginas, porque yo leo en papel, y lo hago con luz amarilla; la luz blanca machaca el cerebro…

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Tengo unas tazas preciosas, y solo las uso de noche. No son tazas para el día, son perfectas para las tres de la madrugada, o las cinco, cuando ya hace frío en la calle y no hay un alma; y sales del local abarrotado, plagado de luz y borrachos, y caminas con prisa por esa ciudad que ahora es otra, pensando en tus sábanas blancas, en tus tazas, y el libro de Auster.

La calle la invaden las sombras,  y solo percibes un taconeo en la acera; el tuyo. Se te cruza un gato asustado, y la ciudad no es la misma, como las tazas, que de día pierden lustre, y ni siquiera las miras.

No entiendo a Auster de día, pero de noche me encanta. A la taza se le ha roto un asa, y ni siquiera sé cómo ha sido.

He leído «Cicatriz», de Sara Mesa.

Sara Mesa deslumbra con este retrato opresivo del afán consumista, la soledad y las obsesiones de la sociedad de hoy. Lo hace poniendo el foco en la relación virtual que se establece entre dos desconocidos, en el vínculo que crean mediante un inquietante intercambio de objetos.

La lectura no es amable, ciertos pasajes incomodan, hurgan en nuestros anhelos profundos, pero al mismo tiempo es original, reveladora, y muy profunda.

Sobresaliente.

Sevilla tuvo que ser

Durante meses he estado indecisa sobre el lugar en que ambientar mi nueva trama.

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Hace unos días visité Donostia, y ya lo tenía claro, pero nada más pisar la ciudad del Guadalquivir regresaron las dudas. Soy un poco veleta, y como reza la canción que cantaba mi padre en la ducha, «Sevilla tuvo que ser».

José Feliciano, era el intérprete de «Dos cruces», una tonada melancólica que ya se escucha poco.

Viajo a Sevilla con frecuencia, pero en esta ocasión la he contemplado con otros ojos. Sus plazas, los patios, el bullicio de sus calles; el color de los naranjos… todo eso se había desvanecido, y frente a mí solo se alzaba el escenario perfecto para que la inspectora Lucía Moro se enfrente al caso de su vida. Quizá fuera por la lluvia, o por la luz lánguida de noviembre…

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Sevilla es una urbe cosmopolita y dinámica que imprime imágenes de intensa potencia en la retina. Con su río, sobrio y poderoso, con sus callejas, intrincadas y sombrías en una tarde de lluvia…

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Y ahora me planteo un dilema, lo que en realidad es genial, porque las encrucijadas nos hacen tomar un camino alternativo al que nos marca la inercia. Sevilla, o San Sebastián.